En el año 1974 un maestro de obras de Seva que iba
a recoger piedras para la construcción en el Turó
del Montgròs, descubrió que los sillares formaban
parte de murallas antiguas. Inmediatamente, lo puso en manos
de expertos, que después de hacer excavaciones se encontraron
con una fortificación construida 2400 años antes
por los íberos ausetanos. La muralla cierra la única
entrada a un cerro rodeado de riscos, convirtiéndose
así en una espléndida fortificación.
Hoy en día la muralla está en fase de investigación
arqueológica y restauración. Los íberos
del Montseny eran básicamente ganaderos y por cuestiones
de defensa solían edificar sus poblados fortificados
sobre los cerros. Estas construcciones se llaman oppidum.