Algunas creencias populares nos hablan de unos pájaros
negros de pecho blanco que vuelan sobre els gorgs (las
hoyas) y que en las cálidas noches de verano
se transforman en bellísimas mujeres de agua,
que se bañan a la luz de la luna y peinan sus
largos cabellos rubios con peines de oro. Pero aunque
se cuenta que los mirlos acuáticos, oscuros y
de pecho blanco, frecuentan los riachuelos de montaña,
nadie da fe de haber observado la transformación.
El mirlo acuático tiene algunas costumbres asociadas
al agua: camina por encima de los cauces y no es de
extrañar que esconda el nido tras la cortina
de una cascada. ¿Quizás fue esta la fuente
de la leyenda?
"El
heredero de una rica masía del Montseny contemplaba
las oscuras aguas de una poza cuando, de pronto, apareció
una mujer de agua. Enseguida, los jóvenes se
enamoraron. La ninfa accedió a casarse con el
joven con la promesa de que nunca le recordara su condición
de mujer de agua. Tuvieron un hijo y una hija, la masía
prosperó y fueron felices. Una tarde, la tormenta
amenazaba con arruinar la cosecha, y la mujer ordenó
segar el trigo, aunque no estaba del todo maduro. Al
final la tormenta no sé formó y el marido,
al volver a casa y ver el desastre, exclamó con
ira: “¡mujer de agua tenías que ser!”
En el acto la mujer desapareció aunque todas
las mañanas los hijos aseguraban que la madre
los venía a peinar. El marido no volvió
a verla jamás.
Esta es la leyenda que estructura el audiovisual “leyendas
del Montseny” que se puede ver en el Museo Etnológico
del Montseny, La Gabella, en Arbúcies.